"La revuelta de las putas" es una de mis lecturas más recientes y de los mejores libros que he leído este 2024. La autora, Amelia Tiganus, nos cuenta su pasado como prostituta, así como su infancia y su primer contacto con el sexo desde una temprana edad. También lo que llama su paso de víctima a activista.
Testimonios como el suyo tienen un valor incalculable y dudo que este libro puedan dejar indiferente a alguien (y si no es así, que esa persona se lo haga mirar). Sin embargo, no se lo recomendaría a alguien que haya sufrido abusos y aún esté sanando esta herida, aunque sí les invitaría a leer las primeras páginas, que pueden aportar cierto consuelo a quienes hayan sido víctimas de cualquier tipo de maltratos.
<<Porque ser víctima NO es un estado mental y social permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención, reparación y protección. Fui niña. Soy mujer [...] Me niego a que los actos violentos que otros han ejercido sobre mí sigan gobernando mis decisiones racionales y, sobre todo, las respuestas irracionales. Entender cómo funciona el trauma me ayuda a caminar, aunque el camino se haga muy cuesta arriba. Disfruto de la caminata, celebro mis pequeñas victorias y presto atención, con comprensión, a mis muchos errores. No soy ni seré perfecta. Y tener que asumir esto siendo perfeccionista es todo un reto. Y una declaración de buen trato con una misma, primero, y con las demás, después, como consecuencia.>>
De hecho, el propósito de este libro y del trabajo como activista de la autora queda declarado de la siguiente manera:
<<¿Qué quiero?
Quiero dejar el mundo como me hubiese gustado encontrarlo cuando empecé este viaje llamado vida. Quiero encontrarme al encontrar la paz para las niñas y las mujeres. Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero ser sujeto. Intento hacerlo todos los días al esforzarme por ser más y que mi identidad no gire en torno a la violencia sufrida. Sin embargo, depende poco de mí y mucho de cómo me ven y me colocan los demás.>>
Sus reflexiones dan mucho que pensar sobre una de las partes más oscuras (no solo por lo perturbador, sino por lo del funcionamiento) de la sociedad: <<¿Ahora entiendes por qué a algunos países les sale muy rentable no apostar por educar, proteger y empoderar a las niñas y cuidar su bienestar y derechos humanos? Porque la desgracia de unas es la diversión de otros. Y el enriquecimiento de otros. Y el reconocimiento de otras como libres en virtud de una patraña.>> Aunque para mi gusto aquí faltó mencionar que en las circunstancias donde hay una víctima y un agresor (independientemente del contexto y del género de cada uno), parece que es más fácil instruir a la víctima de miles de formas para no ser atacada que no educar a las personas para que no se conviertan en agresores. Sin embargo, el problema va mucho más allá, tal como explica Amelia Tiganus, <<Así que la manera como nos comunicamos con las y los adolescentes llevará a un camino o a otro. Prohibir, abroncar o imponer seguramente produzca el efecto contrario al esperado. De eso sé un poco. Lo que necesitan es tener la sensación de que eligen por iniciativa propia. Y no hablo de libertinaje. Hablo de estrategia de comunicación [...] Es probable que, si tenemos un discurso honesto y cargado de argumentos no para convencerlos de nada sino para exponerles que hay gente que tiene muchos intereses en convertirlas a ellas en objetos de consumo y a ellos en agresores sexuales, puede que esa rebeldía característica se dirija a esa gente y sus intereses y no contra la familia. De esta manera la transgresión sería real y sin correr peligro. Decir «no te saques fotos desnuda» o «no te vayas de putas» será tomado como una prohibición que transgredir. Cuando en realidad no transgreden nada más allá de la prohibición,>>
En estos últimos años se ha luchado para derribar todo tipo de tabús, especialmente en el mundo occidental, y pese a que nos queda un largo camino por hacer y hay muchas diferencias de opinión, es innegable que una de las cosas que más daño han hecho a lo largo de la historia ha sido negar o acallar problemas. Sin ir demasiado lejos, aún hay gente que cree que puede ser contagiada de VIH por abrazar a una persona con VIH. Tiganus nos dice que <<Negar un problema no lo hace desaparecer. Lo agranda y agrava, y tiene unos costes incalculables,>>. De hecho y siguiendo esta linea, cuando empezó a haber una mayor presencia en campañas de educación sexual en los centros educativos en los que enseñaban la importancia de los preservativos, ha habidos quienes se han mostrado en contra por creer que con esto estaban incitando a los adolescentes a tener relaciones. Afortunadamente este estigma también está desapareciendo en parte de la sociedad occidental.
Como historiadora, personalmente me ha gustado la frase <<El pasado no se puede cambiar, pero tiene un valor incalculable según en qué se transforme.>>. Independientemente de si hablamos de historia colectiva como historia individual, muchas veces no se le da a la historia y al pasado el valor que se merecen. Cuando los historiadores vemos como ciertos sucesos y fenómenos se repiten, nos damos de cabezazos contra la pared.
Como persona con ansiedad, me ha gustado la frase <<Consecuencias de la prostitución para la salud física y psicológica de las mujeres>>. Siempre se ha dicho que Roma no se ha construido en un solo día, y hay muchos aspectos a analizar y difundir; sin embargo, creo que se está tardando mucho en poner un poco de hincapié en un aspecto clave: las consecuencias. No es solo decir "si bebes, no conduzcas, que puedes tener un accidente y quedar paralítico", si bien todo el mundo sabe lo que significa "paralítico", parece que no nos paramos a pensar en las consecuencias y en la profundidad de su significado: en caso de que uno quede paralítico de cuello para abajo, dependerá al 100% de alguien para todo (comer, asearse...) y no podrá volver a hacer según qué actividades que antes le gustaban. En este caso y siguiendo la linea de la autora, es esencial hablar de las consecuencias en cuanto a salud físicas y mentales de una persona siendo penetrada (no solo prostitutas!, también adolescentes siendo presionadas por primera vez: posibilidad de traumas, desgarres... y mencionadas estas consecuencias, podríamos decir que la frase "si te quiere, esperará/no te presionará", aunque sea cierta está un poco obsoleta y se podría sustituir por algo más concreto como "si te quiere, no querrá que sufras traumas y desgarres"; porque la salud está por encima de todo, no es cuestión de sacrificios... un sacrificio es ahorrar o cambiar hábitos, no hacer algo con miedo por miedo a perder a alguien o al "qué dirán").
En ocasiones, las personas cedemos hasta el punto en que, como bien dice Amelia, <<Consentir es demasiadas veces sinónimo de sobrevivir. Y nos convierte en culpables.>>. Nuestras vidas no se pueden comparar, pero esta frase se podría aplicar a todo tipo de situaciones en las que una persona ejerce poder sobre otra, al igual que <<Pero se confunde consentimiento con resignación.>> En ocasiones no es fácil de ver, pues la otra persona procura ceder cierta sensación de libertad o seguridad para evitar conflictos o que puedas abandonarla. En el caso de la historia de Amelia, nos cuenta <<Nuestros tratantes, proxenetas y puteros ponen mucho interés en hacernos sentir libres y poderosas. Superiores de alguna manera a las otras, las mojigatas que no aprovechan su cuerpo para manejar a los hombres, provocarlos. Y así aprovecharnos de su dinero y su supuesta debilidad por el sexo. Otra vez los «pobres» privilegiados.>> ... personalmente esta escena me recuerda a un viejo ligue que, sin venir a cuento me soltó "eres más guapa que tu amiga" ... no lo mandé a pastar fango en ese mismo momento porque me quedé en shock, pero habría sido un buen momento para no tener que escuchar más tonterías en un futuro no tan lejano.
<<Ya no quería suicidarme, pero tampoco tenía ganas de nada más. Estaba completamente anulada. Ese mar de tristeza y dolor se hacía más grande cuando personas de mi entorno me decían frases de mierda del tipo: «Debes agradecer lo que tienes porque otros no tienen ni para comer», «Lo tienes todo y aun así no estás contenta», «Venga, chica, haz un esfuerzo y disfruta de la vida, que eres joven». Tanto las pastillas como la gente querían que borrara de un plumazo los daños que me habían provocado>>
Pasando a tratar la faceta revolucionaria de las personas, tal como declara Amelia, <<Conocí a pocas mujeres que se revelaran. Cuando lo hacían era porque estaban borrachas o drogadas. Y la revolución no se hace ni borrachas, ni drogadas, ni en solitario.>> Definitivamente esto supone un problema, incluso una persona que pretende revolucionar algún aspecto de su vida privada, no puede hacerlo en solitario. A veces no se puede contar con el entorno, pero es importante tener apoyo, aunque sea tu psicóloga de confianza. Desafortunadamente, no puedo decir mucho en cuanto a revoluciones... nunca he tenido un papel activo y solo tuve una gran revolución personal de verdad que estaría de más contar en este post. <<Bailamos porque es nuestra revolución, pero no bailamos pisoteando a otras. Ya no es cuestión de posicionamiento político. Es cuestión de un mínimo de educación y saber estar.>>, o en otras palabras que a muchos les sonarán más familiares de posts de Instagram: no se brilla apagando a los demás.
Finalmente, nuestra querida autora nos recuerda algo muy importante que debemos tener en cuenta en los malos momentos, incluso una vez han pasado: <<Necesitábamos creer en algo, en alguien. Tener un plan. Un sueño. Una meta. Y la meta siempre es vivir sin violencia, dejando atrás la vida anterior, incluida la prostitución. Pero el pasado siempre vuelve.>> y <<El dolor solo es soportable si sabemos que terminará, no si negamos que exista>>
Para rematar, no olvidar que <<Me siento privilegiada por muchas razones, pero principalmente por poder pensar. Pensar me parece un acto de rebeldía. Algo tan humano como esto me fue arrebatado>> Y es que nos pueden arrebatar muchas cosas, dependiendo del contexto, pero si uno tiene la capacidad de pensar, y es consciente de que la tiene, eso nunca se le será arrebatado, así como tampoco se pueden arrebatar conocimientos.
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