Tal como explica el autor en el principio del libro, este libro no es un tratado, pero en él se puede encontrar una profunda reflexión sobre el funcionamiento de la estupidez humana, y no, tampoco es un libro humorístico o paródico, es un libro breve y lleno de pasajes interesantes.
Ya en las primeras páginas encontramos algunas reflexiones y comentarios muy interesantes, empezando por:
<< Las ideologías contribuyen poderosamente a fomentar la estupidez [...] Cuando las ideas se convierten en un cuerpo de doctrina cerrado que se define como "algo", se convierten en ideologías", en un armazón sobre el que se sustenta la imagen que el sujeto quiere tener de sí mismo [...] si las ideas sirven para pensar, las ideologías sirven para disimular la ausencia de ideas, para acorazarse contra ellas [...] Los inteligentes tienen ideas, cambian de ideas, argumentan por qué cambian de ideas; los tontos se esconden tras una ideología>>
Creo que muchos hemos pensado en la situación política y social de nuestro país, independientemente de desde dónde me lean. Estos fragmentos muestran una realidad que más de una vez me ha costado describir y explicar cuando he debatido con alguien y cuando he "debatido" con alguien, pues a la pregunta de "¿De qué partido eres?" nunca he sabido que responder (bueno, sí: "esto me lo reservo para mi" ... y es que en la misma Constitución Española de 1978 se estipula que nadie tiene porqué declarar sobre sus ideologías, y a pesar de que claramente se refiere al ámbito legal, es algo más que transferible al ámbito social). Sin embargo, cuando me hago esta pregunta a mi misma, tengo claro que no soy de ningún partido, pues sean nuevos o no tan nuevos, cambian a lo largo de los años según los problemas que un país se va encontrando mientras siguen activos.
Aun así, el poder de una ideología va más allá de lo que pueda parecer a simple vista. Una ideología genera una comunidad, una especie de identidad, y acaba siendo una arma similar al uso del sentimiento nacional generado en los ciudadanos cuando empezó a haber una consciencia de nación por parte de la población en el siglo XIX. Hace unos siglos, los soldados luchaban por el rey, ahora la población lucha por su nación.
Votar a un partido o a otro está bien, incluso si el votante no ha podido profundizar sobre las acciones que quiere tomar el partido candidato; lo que muestra carencia de sentido crítico es el votar "porque mi familia siempre ha votado a este partido" o "porque llevo votándolo desde hace 40 años". Al final, los políticos son un reflejo de la sociedad, y en ello vemos las grandes carencias a nivel cultural que se presentan.
También podemos leer << El diálogo y el intercambio de ideas es una gran cosa, no sabe duda, pero con las ideas sucede lo mismo que con los cromos: que para cambiarlas hay que tenerlas repetidas>>, y es que sin ideas, es imposible construir una acción, y ese el otro gran canc3r de esta sociedad de la que nadie habla: fijaos cómo la gente parece buscar a personas con sus mismas ideas, muchos parecen querer reforzar sus ideas al ver que coinciden con las de otros, pero muchos no están abiertos a nuevas acciones. En la España actual, se ve en muchos debates políticos cómo ese grupo de seres que supuestamente no representan sólo se tiran pullas entre ellos (bien visto, no representan tan mal a la sociedad), no buscan intercambiar y unir ideas; por no mencionar que la gran mayoría de gente se muestra agresiva si sus ideas son cuestionadas (tranquis, podéis contradecirme en los comentarios, no me pondré agresiva).
El otro gran punto de este libro es la diferencia entre la estupidez y la maldad. El autor explica << La estupidez es más dañina que la maldad, porque es más fácil luchar contra la segunda (porque actúa con cierta lógica) que contra la primera (que carece de ella) >> Aquí confieso que soy la primera que durante años ha tratado estos dos conceptos como iguales, como fruto de frustración y resentimiento, pero la existencia de una diferencia entre estos conceptos es tan cierta como que << la frontera que las separa es extremadamente borrosa >> . Para poder operar correctamente si se quiere denunciar un hecho es importante tener en cuenta esta división.
Aquí vemos otros ejemplo de la importancia de diferenciar la maldad de la estupidez: <<Por eso es imposible una sociedad completamente justa, no tanto por la culpa de la maldad humana como por la de la estupidez humana>> Aunque debo decir que no estoy tan de acuerdo con esta frase. Como he expuesto anteriormente, parte de la vida pública no funciona por la estupidez humana (eso sí, estupidez de la que los malos se aprovechan), pues votar a X partido bajo la lógica de "siempre he votado a esos" o "mi padre siempre votaba a esos", no es fruto de la maldad, sino de la estupidez humana (y no confundamos estupidez con ignorancia...). Luego vienen los "no tan estúpidos con un mínimo de poder" y apelan a los sentimientos tanto de los estúpidos como de los ignorantes para controlarlos, mientras que si la sociedad invirtiera más tiempo en analizar y reflexionar, les quitaríamos a aquellas autoridades que actúan con maldad una herramienta muy poderosa.
Por otra parte y aunque el libro no lo menciona, muchas de las ideas expuestas se pueden vincular a la teoría de la Ventana de Overton, esta teoría defiende que en cada lapso de tiempo (años, década o hasta siglos) solo hay hueco para tratar una serie de cuestiones (por ejemplo, si se quisiera abolir la esclavitud de la época romana o griega sin una reestructuración y plan previo, sus economías se irían a pique. En relación con la ventana de Overton, en el libro podemos leer la frase <<Hasta no hace tanto tiempo, no se consideraba que la esclavitud fuera inmoral [...] no había nada que hacer, la vida es así de triste >>.
No hay por donde meterla, pero también me parece digna de mención la frase << Las ideas pioneras sobre feminismo proceden de personas inteligentes, pero luego las hicieron suyas otras que no lo eran tanto, dando lugar a espectáculos lamentables>>, y es que es bastante parecida a la frase que leí en "Menudas historias las de la historia", en que explica que las revoluciones empiezan por una buena causa, hasta que la causa original se olvida para instaurarse una lucha por el poder ¿Estáis de acuerdo en este caso? Personalmente he visto de todo, dependiendo de la sociedad. Y esta maravilla, nos lleva a <<Una vez conseguida la igualdad de oportunidades y la igualdad ante la ley, las únicas por las cuales tiene sentido luchar políticamente, el ser humano se enfrenta a inevitablemente con la libertad, y en consecuencia con la desigualdad [...] Por eso, al estúpido no le preocupa la libertad. En primer lugar porque no sabe que hacer con ella y se convierte en un estorbo>> y ahí está la cosa... al estúpido no le preocupa la libertad, le preocupa el imponerse o se desentiende por completo de la causa de la lucha. Una cosa es que alguien no quiera asistir a las manifestaciones o no quiera "compartir esta imagen en redes para demostrar que apoyas a X", otra muy distinta es pasar por completo de las propuestas y programas de los políticos, sobre todo cuando se acerca el momento de votar.
La última gran frase recogida de este maravilloso libro es <<Si tuviéramos mayor memoria histórica sabríamos cuantas situaciones políticas que parecían sólidas y estables se fueron al garete de la noche a la mañana por culpa de unos pocos descerebrados, y entonces nadie jugaría a ser antisistema>>. Como historiadora reflexiono bastante sobre la memoria histórica y es algo que siempre tengo muy presente, y aunque no todos tenemos las mismas prioridades, ideas y principios, sería fantástico que la sociedad tuviera una mayor consciencia de la memoria histórica para tener presente situaciones como la mencionada en esta última cita. No digo que ser o no ser antisistema esté bien o mal, pero sí que conseguiríamos una sociedad más analítica a la hora de tomar decisiones.

